Varias participantes han encontrado en el baile y la convivencia la terapia adecuada que les ha permitido superar la pérdida de un ser querido, que, en algunos de los casos, las llevó a pensar en el suicidio.
Ciudad Juárez. – Lo que nació como un espacio de recreación para los adultos mayores a través del Club de la Tercera Edad de Plaza de Las Américas, es hoy un sitio en donde varias asistentes han encontrado la manera de llenar sus vacíos emocionales ocasionados por la pérdida de algún ser querido.
De acuerdo al psicólogo Isaac Hernández, los síntomas de la pérdida de un ser amado incluyen reacciones emocionales (tristeza, ira, culpa, conmoción), físicas (fatiga, problemas para dormir, cambios en el apetito, dolores) y cognitivas (dificultad para concentrarse, confusión).
Indica que en la pérdida de un ser querido es normal experimentar estas sensaciones, que pueden afectar la vida diaria y manifestarse a través de cambios en el comportamiento.
Con el baile y la convivencia en el Club de la Tercera Edad, se ha establecido una fraternidad que ha permitido a Dora Hilda Quezada López, Rosy Armendáriz, Inés Palacio Guzmán y a Juanita Gutiérrez, encontrar la terapia adecuada que les permita superar la ansiedad, que, en algunos de los casos, las llevó a pensar en el suicidio.

En el caso de Rosy Armendáriz, el fallecimiento de su compañero de vida, hace poco más de un año, la hundió en lo que los psicólogos llaman trastorno por duelo complejo persistente, que no es otra cosa que una pérdida intensa y duradera que interfiere con la vida diaria y no mejora con el tiempo.
“Luego de la muerte de mi marido, caí en una depresión que no se curaba con nada, e incluso, tuve tres intentos de suicidio”, dice.
“Mi esposo fue mi compañero de vida, y al fallecer dejó un gran vacío que emocionalmente me arrastró de tal manera que pensé en que lo mejor era morir”, narra con el dolor aún reflejado en su rostro.
Dora Hilda Quezada López, Inés Palacio Guzmán y Juanita Gutiérrez escuchan atentas, inmersas en sus recuerdos, controlando su nostalgia para no dejar que las lágrimas las traicionaran al recordar a sus respectivos esposos, que fallecieron en el último año.
Las cuatro coinciden en sus pérdidas y en el dolor que esta situación les ha causado, pero también, en cómo han encontrado en el Club de la Tercera Edad de Plaza de Las Américas la terapia necesaria para sanar sus heridas.
“Hemos encontrado en el baile y la convivencia con nuestras compañeras y compañeros la terapia para sanar nuestras heridas por la muerte de nuestros seres queridos”, expresa Hilda Quezada.
“Hemos conectado con nuestro interior, y así aliviar el estrés y la tristeza”, coinciden.
Hernández Cansino menciona que el movimiento, la música y la conexión social liberan neurotransmisores como endorfinas y serotonina, y que estas mujeres, sin saberlo, han encontrado en el baile una disciplina clínica para su sanación.
Rolando Talavera, gerente de Plaza de Las Américas, menciona que la idea del Club de la Tercera Edad nació a iniciativa de los propios adultos mayores, quienes en busca de un lugar en donde convivir solicitaron un espacio.
“La asistencia de cada viernes al Club de la Tercera Edad se ha incrementado, y ver la felicidad reflejada en el rostro de los adultos mayores es por demás satisfactorio”, indica.
Menciona que el objetivo de directivos y locatarios de Plaza de Las Américas es hacer del lugar un centro de convivencia familiar a través de diversas actividades, y que al enterarse de los beneficios que trae, en este caso a los adultos mayores, es un aliciente para impulsar este tipo de espacios.
Beneficios terapéuticos del baile del Club de la Tercera Edad:
- Liberación emocional: El baile permite expresar emociones que son difíciles de comunicar con palabras, liberando la tensión y la tristeza acumulada.
- Bienestar mental y físico:
o Al liberar emociones, se reduce el estrés y la ansiedad, ya que disminuyen los niveles de cortisol.
o Se produce un aumento de endorfinas y serotonina, que mejoran el estado de ánimo y promueven la felicidad. - Autoconocimiento y autoestima: La práctica ayuda a reconectar con el propio cuerpo y a aumentar la autoconciencia, lo que fortalece la confianza y la autoestima.
- Sanación y transformación:
o El movimiento se convierte en un lenguaje que ayuda a procesar traumas y heridas invisibles.
o La danzaterapia se enfoca en el proceso de autosanación, no solo en la técnica del movimiento. - Conexión social: Bailar puede fomentar la creación de un sentido de comunidad, conexión y empatía con otras personas.
